Perfiles
Una mirada de lo que podrás ver próximamente por Azteca América.
Héctor Cervantes
Gael Cervantes
Alejandro Cervantes / Rivas
Romina Sáenz
Hermosa como pocas, brillante, es una manipuladora natural, no tiene ningún escrúpulo alguno. Su cuerpo es su principal aliado y la llave que le abre cualquier puerta. Viene de una familia de diplomáticos no tiene arraigos por nadie ni por nada hasta que aparece en su vida Alejandro Cervantes que se vuelve su obsesión. Con todas estas cualidades, Romina fue reclutada por la CIA, tiene en su haber la conquista de un diplomático Iraní y la de un general cubano, tarea considerada casi imposible en el espionaje. Con estas credenciales Bob Doyle, legendario agente y cabeza de una oficina de inteligencia que brinda servicios a los corporativos norteamericanos con intereses en el extranjero, decide a través de su ex amante Marion contratarla para seducir a Héctor Cervantes y orillarlo a que venda su parte de Inmex a un fondo de inversión multinacional. Romina ni siquiera es mala: es simple y sencillamente amoral, carece de la más elemental capacidad para discernir la diferencia entre el bien y el mal, y pese al
riguroso y calculado control que mantiene en sus operaciones profesionales, tiende peligrosamente a perder la cordura cuando se trata de su pasión por Alejandro Cervantes.
María Robles
Nacida en el multi de segunda generación, María se casó muy joven y enamorada con un simpatiquísimo inútil llamado Leonardo, a quien apodaban el Travolta. Con él procreó tres hijas: la frívola pero también simpática Georgina (24); nuestra protagonista Elisa, y la dulce y enfermiza Emiliana. María lo tiene todo menos dinero. Su dignidad, su optimismo y su capacidad de gozar las pequeñas cosas de la vida la hacen básicamente una mujer feliz, sin importar las dificultades económicas y los reveses que la vida le pone enfrente. Es propietaria de una pequeña fonda, a la que bautizó “Sobreviviré”, con la que ha sacado adelante a sus tres hijas a partir de que Leonardo la abandonó. Sin embargo, María no alimenta rencores ni se ha amargado: agradece los años de felicidad y diversión que le dio el bueno para nada del Travolta, y se llena la vida con el cuidado amoroso a sus hijas, su trabajo en la fonda, y las múltiples chambitas con las que afronta los costosos tratamientos de Emiliana. Si cobrara todas las comidas que sirve, María tendría una fortuna; pero dejar a un hambriento sin comer por detalles tan nimios como el dinero no está en ella. Su frase es: “mañana ya no voy a fiar”. Mujer de extraordinaria belleza, María resiste heroicamente el embate de un sin fin de pretendientes que ven en su condición de mujer solitaria a una presa fácil. Sin embargo, ella no se siente libre para amar, pues se lo impide la incertidumbre de no saber nada acerca del paradero de Leonardo. Al inicio de la historia, María estará obteniendo su divorcio por abandono de hogar, lo que le ocasionará graves conflictos con la frágil Emiliana, con el temible don Pedro, el padre de Leonardo, y con Gina, su hija mayor, quien amenazará con irse a buscar al padre a Estados Unidos. Tendrá un breve pero inconcluso romance con Jaime, su abogado, mismo que terminará abruptamente cuando María descubra que éste está casado.
Elisa Montero
Es la heredera de una estirpe de mujeres nacidas en el multifamiliar Presidente Alemán: su abuela materna fue la primera bebé nacida en los edificios, el mismo día de su inauguración. Ama a su mamá y a sus hermanas entrañablemente, su familia y su hogar son lo más importante para ella; se siente orgullosa de su estirpe y de pertenecer a ese pequeño universo que es el multifamiliar. Estudia arquitectura y sueña con una ciudad más humana y más verde. Su tiempo libre lo dedica a ayudar a su mamá en la fonda de la que se sostiene la familia, y haciendo maquetas y tareas de sus compañeros de la universidad para ganar unos pesos extra. Elisa choca incesantemente con un mundo que le cierra las puertas a pesar de su talento, que no da oportunidades ni empleo sin exigir a cambio la pérdida de la inocencia. Tiene un sueño recurrente que la perturba: un hombre cuyo solo contacto despierta en ella la pasión más plena… pero al cual no logra verle el rostro. Este sueño se verá hecho realidad cuando conozca a Alejandro, de quién se enamorará perdidamente. Pese a la diferencia de clases, los dos jóvenes tienen mucho en común: su vocación justiciera, su profesión, su pasión por esa vetusta construcción que Alejandro ha estudiado a fondo para construir otras similares en la República Mexicana. Lo que Elisa no sabe, y descubrirá en el momento menos oportuno, es que Alejandro Rivas es el hijo de Héctor Cervantes, y por tanto heredero de la poderosa corporación que amenaza con destruir su pequeño universo.
Georgina (Gina) Montero
Hija mayor de María, hermana de Elisa. Rebelde, divertida, encantadora, heredó todas las cualidades y los defectos de su padre. Resiente su apretada condición económica y no para en mientes para salir de ella a través de una eterna búsqueda del dinero fácil. Mantiene con su madre y sus hermanas una relación agridulce pero a la vez entrañable: se quieren profundamente… pero no se soportan más de cinco minutos. Al principio de nuestra historia, esgrimiendo el pretexto de que va a buscar a su padre, la veremos preparar su viaje a los Estados Unidos, cruzará la frontera y terminará trabajando de bailarina en un antro de tercera. Ahí tendrá lugar el violento reencuentro con Leonardo, la sacudida y la enorme desilusión de comprobar que su padre, lejos de ser el héroe caído en la lucha por una vida mejor que ella imaginó, es un hombre oscuro y mediocre que simplemente eludió las responsabilidades de tener una hija enferma y abandonó a su familia. Gina regresará entonces a México y su ambición la llevará a relacionarse con Julio, un apuesto vecino al que empezará a corromper manejándolo, primero, como escolta de señoras y después como gigoló.
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